26 feb. 2012

Jungla de asfalto

Imaginen un escenario antaño devorado por una naturaleza implacable y despiadada en un terreno cálido y húmedo cubierto por una vegetación densa y muy espesa. Una tierra salvaje bajo el dominio de la jungla. Un término, 'jungla' que viene del sánscrito 'jangala', y que, paradójicamente, significa desierto. Pues bien, se cierra el telón y tras algunas sacudidas en la coctelera del tiempo, aparece un enorme bloque de hormigón dispersado bajo el rostro de rascacielos y autopistas, imponentes construcciones de aspecto un tanto futurista que reflejan la importancia económica del lugar. Una realidad que da de sí y se estira hasta lo inverosímil, a la que el estereotipo actual ha dotado de edificios emblemáticos convertidos en todo un símbolo identificativo conocido por todos... ¡Bienvenidos a Kuala Lumpur!.

Kuala Lumpur, una metrópolis en apariencia joven y próspera para delicia de los ajetreados transeúntes ( la capital se fundó en 1857 ), donde la arquitectura se levanta a imagen y semejanza del cóctel de gente que pasea por sus enrevesadas calles. Pero no nos adelantemos. Puesto que si alguna urbe asiática puede presumir del binomio compuesto por naturaleza y asfalto esta es, sin duda, KL. 

Foto: Danuta-Assia Othman

Entenderla quizá sea acercarse un poco más a una historia teñida por un pasado centrado en la explotación de minas de estaño. Un hecho crucial para comprender un desarrollo que avanza vertiginoso. Tanto es así, que su popularidad y crecimiento le ha llevado a posicionarse como uno de los destinos más visitados del sudeste asiático, amén de ser un importante enlace en el tráfico aéreo de Asia. Adjetivos como vibrante, dinámica o colorida nos reciben desde un primer momento en un avance cuya intensidad irá aumentando a medida que nos adentremos en ella.  Y es que esta centelleante urbe tiene la pátina propia de una intrigante mezcla de estilos, fruto de influencias coloniales, de tradiciones asiáticas y, sobre todo, de una fuerte inspiración islámica. 

Foto: Danuta-Assia Othman

Una suerte de olla a presión de imágenes y de sonidos sorprenden al viajero en cada rincón, contrarrestados por los espacios verdes que se extienden ocupando las tres cuartas partes de la ciudad y que actúan a modo de bálsamo vegetal entre tanto calor y hormigón. Recordemos que KL está situada al sur de la península de Malaca, en el valle de Klang. A pesar de los no pocos intentos por continuar con esta frenética expansión, basta con subir a la torre Menara o a las embajadoras Torres Petronas para darse cuenta que todo esfuerzo humano de construcción resulta anecdótico ante un espacio donde la naturaleza, para fortuna de quienes la habitan y la visitan, es aquí dueña y señora.

Como decíamos, naturaleza y asfalto conforman la panorámica de esta singular postal urbana matizada por la heterogeneidad de tradiciones, de culturas y de religiones. Un pasaporte que tiene su mejor representante a esta diversidad que acecha al viajero con tan sólo doblar la esquina. Haciendo honor al acertado eslogan publicitario que puebla marquesinas y folletos turísticos, 'Malaysia, truly Asia', nos encontramos ante una magnífica muestra de multiculturalidad. A las ya conocidas comunidades china e india, se añaden otras procedentes de Indonesia, Nepal, Birmania, Tailandia, Bangladesh o Vietnam, por citar algunos ejemplos. Una interesante mezcla que se manifiesta, en gran medida, en su deliciosa y sabrosa gastronomía.

Para los que aún quieran más, la capital malaya tiene reservada una importante oferta cultural donde quedarse pasmado ante edificios religiosos como las mezquitas de Masjid Jamek y Masjid Negara o el templo hindú de Sri Mahamariamman. Por si fuera poco, el viajero tiene la oportunidad de acercarse a la historia, economía, artes y oficios y cultura de Malasia de la mano de colecciones que alberga, entre otros, el Museo Nacional o el Museo de Arte Islámico. Visitas absolutamente recomendables.

Foto: Danuta-Assia Othman

La silueta recortada de los edificios cuando el sol se torna en una brasa incandescente dibuja el trazo de un horizonte delineado que se alza firme bajo esta fascinante estampa, donde la mirada no puede sustraerse del hechizo que ejerce sobre ella. Un ritual que se repite cada día y, sin embargo, cada día es distinto. Siempre único.

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23 feb. 2012

Penang, 'la perla de Oriente'

El viaje, a menudo, se presenta como una forma de conocimiento que compromete la existencia y la revoluciona. En esta praxis de conocimiento del otro me encontraba cuando, las terribles inundaciones que anegaron al antiguo reino de Siam, me obligaron a 'liarme la manta al cuello y a ponerme el mundo por destino'. Las opciones eran pocas, pues el aluvión comenzaba a extenderse por todo el territorio causando estragos de todo tipo y afectando, como no, al sistema de transportes. 

Ante la imposibilidad de llegar a la capital, la única alternativa era coger un tren hacia el sur del país. Una elección que comportaría un escenario ignoto, entregado a la realidad de una exótica y singular tierra: Malasia. Un contratiempo que, tras la incertidumbre más absoluta de los inicios, supondría el descubrimiento de una nueva cultura, para beneficio y grata sorpresa de una servidora. Un conjunto de experiencias inéditas que solo pueden vivirse a partir de un extrañamiento fruto de un viaje imprevisto. Dichoso imprevisto. Un término que aquí adquiere la más amplia dimensión imaginable, donde la capacidad de asombro nos invade, garantía de un gozoso hallazgo. 

Así pues, con la mochila repleta de la emoción propia ante lo desconocido y el contador del conocimiento puesto a cero, llegué a 'la perla de Oriente' o Pulau Penang, una isla conectada a la península por uno de los puentes más largos de Asia. Selamat Datang Malasia! ( ¡Bienvenidos a Malasia! ). 

Foto: Danuta-Assia Othman

Un compendio de encantos asaltan al visitante desde el primer momento. Y es que nos encontramos ante un mosaico cultural que hará las delicias de cualquier viajero. Un microcosmos donde conviven diferentes culturas desde tiempos pretéritos. La diversidad de la población insular conforma una especie de patchwork étnico y se reparte entre la comunidad malaya, la china, la india y la peranakan ( descendientes de los comerciantes chinos que se casaron con mujeres locales ). Pulau Penang o la 'Isla de la Nuez de Betel' se presenta como el representante irrefutable de la multiculturalidad, una suerte de entrada a la mezcolanza racial que domina al país. Todo un canto a la humanidad. 

Su capital, George Town, se sitúa al noreste y es el núcleo principal de la isla. Un dédalo de callejuelas expone a nuestros sentidos al deleite sensorial de un recorrido donde se entremezclan los aromas. Una mezcla de sabores exóticos que harán viajar a nuestro paladar. No está demás mencionar que estamos en la capital gastronómica de Malasia, una de las ciudades donde mejor se come de Asia. Pero aún hay más. Este histórico enclave portuario en la ruta marítima entre Asia y los mercados de Europa y Oriente Medio, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2008. Un reconocimiento que ha permitido la conservación del rico legado cultural de la ciudad. 

Foto: Danuta-Assia Othman 

Foto: Danuta-Assia Othman

En este cruce de caminos, el olfato se ve seducido por las inconfundibles especias de los comercios indios que pueblan el barrio de 'Little India', un viaje interrumpido por la llamada a la oración de los minaretes de las mezquitas que nos recuerdan que la religión oficial del país es el islam. Y, por si fuera poco, las 'shophouses' o 'casas-tienda' tradicionales nos advierten de la importancia de la comunidad china, unas construcciones que la UNESCO ha decidido preservar por su valor histórico y cultural. A este decorado histórico se añaden más de 2.000 hectáreas de desafiantes senderos por la jungla que abarca el Parque Nacional de Penang, situado en el plácido pueblo pesquero de Teluk Bahang, al noroeste de la isla. 

Foto: Danuta-Assia Othman 

Foto: Danuta-Assia Othman

Foto: Danuta-Assia Othman

Irrenunciables atractivos que nos obligan a vivir y a disfrutar la experiencia del viaje con toda la intensidad de la que uno sea capaz. Recuerden, como decía Séneca "viajar y cambiar de lugar imparten un nuevo vigor a la mente". Lo dicho, bienaventurado contratiempo.
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20 feb. 2012

Un alto en el camino

En un país moldeado a su antojo por una naturaleza sin parangón, la variedad de este tesoro despliega, para fortuna del viajero, una mezcla de exuberantes paisajes amén de una fauna extraordinaria. Una suerte de paraíso exótico que le confiere al territorio malayo su bien más preciado. No en vano, las tres cuartas partes de Malasia están compuestas por espacios verdes de los cuales, dos tercios son vírgenes. Una fascinante 'epidermis' dispuesta a sorprender hasta al más curtido en parajes naturales. La autenticidad de semejante entorno representa un reclamo más que justificado. Un lugar donde resulta inevitable experimentar una especial emoción. Y es que pocos lugares pueden rivalizar con los atributos naturales que ofrece la otrora Malaya.

El exotismo, pues, está garantizado. En este singular escaparate de exteriores nos encontramos ante un territorio de intenso sabor tropical. Muchos viajeros se acercan hasta aquí seducidos por unas costas bordeadas de playas que se completan por una densa cubierta boscosa para deleite de los más aventureros. Una salvaje macedonia de flora y fauna de lo más atractiva y sugerente, cuyo encanto se convierte en el protagonista indiscutible en este rincón del sudeste asiático.

Foto: Danuta-Assia Othman 

Foto: Danuta-Assia Othman

En una tierra dominada por el carácter selvático del trópico, aparece un escenario distinto, presto a llevar la contraria y asombrar a partes iguales. A tan sólo cuatro horas por carretera al norte de Kuala Lumpur, nos topamos ante un paraíso de tierras altas compuesto por un paisaje alpino único de picos azules, montículos verdes y brumosas plantaciones de té. Situado al noroeste del distrito de Pahang, Cameron Highlands se presenta como una pausa recomendable a las altas temperaturas que se extienden en el resto del país, gracias a una altura que puede alcanzar los 2.000 metros sobre el nivel del mar. Sus colinas suaves y fértiles laderas hicieron de esta cadena montañosa un destino vacacional creado por los ingleses en plena era colonial. Un pasado todavía palpable a razón de un legado arquitectónico capaz de transportarnos hasta la campiña británica.

Foto: Danuta-Assia Othman

Foto: Danuta-Assia Othman

Agroturismo, catas de té o senderismo son algunas de las 'excusas' para permanecer unos días apacibles donde disfrutar del atípico clima suave que goza durante todo el año. Las extraordinarias vistas de este decorado ondulado de verdes hectáreas conforman un panorama singular y, sin duda, fotogénico. Como dice el escritor José Saramago: "Las palabras nunca están a la altura de la grandeza del momento". Tal vez por ello, lo más recomendable es que experimenten por sí mismos una de las maravillas de Malasia. Un espectáculo a degustar, por cierto, con agradecimiento y respeto.


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17 feb. 2012

Lugares imaginarios

Nos encontramos ante un destino ignoto, un espacio donde pervive un tiempo legendario y el sueño emprende el vuelo de los grandes mitos. Un lugar con bandera y moneda propia, de los que pueblan la imaginación. Mundos desconocidos que se localizan en la órbita del ingenio y la fantasía. Territorios desprovistos de rígidos corsés geográficos donde moverse en completa libertad, en el sentido más amplio de la palabra. 

Esta es una invitación, pues, a viajar por lugares de ficción, cartografías inventadas imposibles de localizar en los atlas habituales. Un viaje donde descubriremos islas y ciudades perdidas, unos escenarios que nos permiten viajar con la imaginación, prodigio de las mentes que lo crearon. Socorridos mundos oníricos donde acudir cuando la realidad nos lleva al hartazgo de todo cuanto nos rodea. Una suerte de geografía literaria de lo más sugerente. Y es que son numerosas las recreaciones que la literatura ha dado al universo de los viajes imaginarios, tierras siempre misteriosas y lejanas. Responsables, en muchos casos, de despertar la curiosidad y el 'vuelo' de quienes tuvieron la oportunidad de leerlos.

Foto: Flickr 

En este singular ejercicio de geoficción (término acuñado por el geógrafo francés Alain Musser) se impone la necesidad imperiosa de fantasear, ya que nos encontramos ante un camino abonado por la utopía. Concepto, por cierto, que deriva de 'utopos' y significa 'sin lugar'. Una práctica que se remonta hasta épocas abrazadas por el manto de la mitología griega, celta, mexicana o tibetana, por citar algunos ejemplos. Entre ellas destaca 'Atlántida', una ciudad mitológica descrita por Platón en su obra 'Diálogos'. Dicha isla, ya desaparecida en el mar, tendría un tamaño que superaría, en palabras del filósofo griego, a 'Libia y Asia juntas'. Una conocida leyenda desde la antigüedad que ha sido visitada de nuevo por escritores como Julio Verne en '20.000 leguas de viaje submarino' (1869), entre otros.

Escondido en algún lugar más allá de las montañas nevadas del siempre espectacular Himalaya, nos topamos con 'Shambhala', un reino mítico creado por la tradición budista tibetana, construido para eliminar el odio de un mundo dominado por la guerra y así comenzar una nueva era dorada. Cambiamos de continente para perdernos en algún lugar de las Islas Británicas, morada de brujos y hadas en numerosas fábulas de origen celta: 'Ávalon'.Y, ya que estamos, atravesamos las aguas del océano Atlántico para explorar 'Aztlán'. Según la mitología mexicana fue una especie de paraíso o Edén en forma de isla, desde donde partirían los aztecas. Su importancia en el imaginario colectivo creció de tal modo que durante el s.XVI se organizaron varias expediciones encabezadas por españoles. La lista podría continuar en una extensión sin contornos definidos. 

Seguimos avanzando. Esta vez hasta la literatura de los más pequeños. Memorables obras de unas estanterías que rebosan de ilusión y descansan sobre una capacidad inventiva sin límites. Escenarios fantásticos como 'Oz' de L. Frank Baum, 'La historia interminable' de Michael Ende o la isla imaginaria, más conocida como 'El País de Nunca Jamás', de J.M. Barrie. Un cosmos donde viajamos también hasta las tierras que visitó Gulliver en las aventuras relatadas por Jonathan Swift como la isla de los inmortales o 'Luggnagg,' el país de 'Balnibarbi' o la nación isleña de 'Liliput'.

Unos decorados, en definitiva, que no sólo sirvieron para ambientar en ellos las narraciones, sino que alimentaron la imaginación a través de un viaje iniciático sin parangón, al que entregarnos siempre que queramos desde cualquier rincón y saborear las mieles de la fantasía. Así de fácil. Unas mágicas e inagotables fuentes de inspiración de las que también beben el mundo del cine y el cómic (recordemos los países de 'Syldavia' y 'Borduria' de Tintín). Lugares procedentes de épocas imprecisas que existirán cuanto mayor sea su indefinición respecto a su referente real, un ámbito personal donde dar rienda suelta al reino de la invención.
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14 feb. 2012

Vietnam, turismo de guerra

Pocas veces una película ha influido tanto en el imaginario colectivo de toda una generación como lo hizo Apocalypse Now de Francis Ford Coppola. Un film que ha trascendido hasta alcanzar una dimensión mítica y simbólica, convirtiéndose así en un icono, 'en la película de Vietnam'. Muchos recordarán la legendaria frase que el director estadounidense pronunció en el festival de Cannes: "Ésta no es una película sobre la guerra de Vietnam, esto es Vietnam". Pues bien, ha pasado algo más de tres décadas desde su estreno y, sin embargo, su legado continúa.

Seducidos por una oferta turística dispuesta a satisfacer el fetichismo bélico del viajero, son muchos los que viajan hasta el que fuera reino de Funan buscando algo del Apocalypse Now de Coppola y Vietnam se lo ofrece, a cambio de un puñado de dólares. Una nación de inquebrantables optimistas capaces de convertir un pasado relativamente reciente en una oportunidad de negocio que se esconde tras los campos de batalla, los museos de guerra y los lugares históricos. 

Foto: Danuta-Assia Othman
 
Mientras el país repite su mantra "Vietnam es un país, no una guerra", las agencias de viaje bajo el paraguas del Ministerio de Turismo vietnamita fomentan las visitas utilizando todo tipo de reclamos, exhibiendo así a un pueblo que no oculta sus heridas de guerra. Recuerdos que se convierten en una especie de atracción turística en lo que supone un viaje iniciático en la historia para unos y un peregrinaje doloroso para otros. El singular recorrido permite mostrar algunos escenarios de guerra como piezas de un rompecabezas narrativo.

No importa por dónde se empiece, las opciones de este turismo de guerra atraviesan la geografía vietnamita en un claro ejemplo de cómo sacarle rentabilidad a un hecho que se cobró la vida de tres millones de vietnamitas. Las guías de viaje insisten pues en que visitemos muesos de los vestigios de la guerra, monumentos a los héroes caídos como el mausoleo de Ho Chi Minh en Hanoi, amén de toda clase de souvenirs, desde los emblemáticos cascos del Vietcong, condecoraciones, falsos mecheros Zippo supuestamente extraviados por marines estadounidenses hasta camisetas con la imagen del 'Tío Ho', por mencionar algunos ejemplos. El turista quizás encuentre el plato fuerte en los claustrofóbicos túneles Cu Chi, situados a 70 kilómetros al norte de Saigón ( rebautizada Ho Chi Minh ). Más de 200 kilómetros de extensión que comenzaron en 1948. La guinda de este amargo pastel alcanza su cenit ante la posibilidad de disparar un fusil Kalashnikov con munición real.

 Foto: Danuta-Assia Othman

Foto: Danuta-Assia Othman

Habrá que preguntarse si al final del 'viaje' se tiene una visión global e impactante de todo el conjunto, en una imprescindible y necesaria toma de conciencia sobre el significado y el fondo moral de la guerra. Un espacio de reflexión que bucea en el carácter del combate. Esto implica que el asunto importante del conflicto, el de sus consecuencias, quizá hace ya tiempo que se ha banalizado o tergiversado a costa de llenarse los bolsillos. Juzguen ustedes mismos.
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11 feb. 2012

El cuarto elemento

Nuestro invitado se presenta como la arteria vital del sudeste asiático, un icono geográfico de la otrora Indochina. Se erige como pilar indiscutible e indisociable de la riqueza de esta región. Sustento y fuente de ingresos de miles de personas, en sus márgenes han proliferado aldeas y pueblos. Su idiosincrasia y magnitud le lleva a protagonizar numerosas festividades de sabor local como el Bon Om Tuk en Camboya durante el mes de noviembre, amén de una literatura que encuentra en él su inspiración. Llanuras, montañas, costas, manglares e islas completan la orografía de un espectáculo que se escribe con mayúsculas: el imponente y majestuoso río Mekong. 


Foto: Danuta-Assia Othman

Conocido popularmente como la puerta del sudeste asiático, su nombre evoca numerosas historias, algunas de ellas elevadas a la categoría de mito. Relatos de un ayer no tan lejano cuando, recordemos, los franceses intentaron sin éxito encontrar una ruta navegable río arriba hacia China.  

Desde tiempos ya idos, son muchos los que se han visto seducidos por la estela de la madre de todas las aguas. Convertido en leyenda, puede presumir de ser el único de los ríos asiáticos que discurre por seis países. Un vasto recorrido que se acerca a los cinco mil kilómetros donde atraviesa una misma región compartida por realidades variopintas que responden a culturas distintas en un viaje cuyos orígenes hay que buscarlos en la meseta tibetana en China y continuar por Birmania, Tailandia, Laos y Camboya para desembocar en Vietnam, lugar en el que exhibe su esplendor con sus nueve brazos hasta abandonar sus aguas al mar de la China Meridional. Un camino que aguarda el legado de un historia trufada de sucesos y relieves determinados por el paso estratégico que marca el curso del río.

Para capturar el espíritu de tan majestuoso enclave basta con esperar a que termine la estación de lluvias y adentrarse por alguno de sus interminables y encantadores trayectos a bordo de un transbordador de pasajeros o un barco de mercancías. Sus afluentes como el Nam Ou a su paso por el norte de Laos, se presentan como una alternativa suculenta alejada de las rutas más concurridas que convierten la navegación en una experiencia carente de encanto y atestada por un curioso grueso de extranjeros con 'ganas de pasarlo bien'.  Una estampa repleta de detalles que variarán en función del lugar en el que nos encontremos. Y es que estamos ante un accidente geográfico políglota que obedece a diferentes nombres como Lancang ( en China ), Ménom Khong ( en Laos ), Tonlé ( en Camboya ) o Mae Nam Khong ( en Tailandia ). De la contracción de esta última debe su nombre popular conocido por todos como 'Mekong'.


Foto: Danuta-Assia Othman


Foto: Danuta-Assia Othman

Algunos tramos como el delta del Mekong o Cuu Long en Vietnam, han sucumbido al apetito de un turismo de masas ávido por lo exótico, convirtiendo una necesidad en una realidad ficticia que ralla lo circense. La reflexión encuentra su 'butaca' en los peligros que hoy en día amenazan la salud del río: desde la contaminación y la construcción desmedida de presas por parte de las empresas hidráulicas a la práctica de técnicas de pesca agresivas que aceleran la destrucción de su ecosistema. Dada su importancia, sorprende saber que no existe ninguna política medio ambiental, una delicada situación de complicadas consecuencias si consideramos la absoluta dependencia vertebradora de las gentes que lo habitan. Un impacto innegable a valorar y a reconsiderar en unas aguas que se mueven en un futuro incierto. 
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8 feb. 2012

Antes, durante y después del viaje

Este podría ser el título que diera comienzo a una serie de consejos de carácter preventivo para el viajero. Una información sin duda a considerar y en ocasiones de gran utilidad. Lejos de datos que apelan al pragmatismo, esta es una invitación al significado del viaje, a aquello que acontece en la mismísima génesis de la idea y nos acompaña hasta el siguiente rumbo. Una sensación que adopta tantas formas como rostros existen. Un síndrome que, a riesgo de divisarlo, resulta difícil desprenderse de él

Ya lo decía el literato Noel Clarasó: "Lo mejor de los viajes es lo de antes y lo de después". Desde el reino de la ilusión y la expectativa, de todo lo que podría ser incluso antes de que pongamos pie, hasta el retorno, momento donde la recreación cobra protagonismo y eleva el viaje hasta su idealización. Sea como fuere, lo que está claro es que con cada viaje se produce un cambio de vibración donde el hallazgo (a todos los niveles) es inconmensurable. No importa cuántas veces hayas viajado ni cuántos horizontes hayas avistado. Este poderoso reclamo sorprende como un espejismo hasta dejarnos frente a frente con la alteridad

El efecto que produce no entiende de fechas ni caduca con el retorno sino que se extiende en un variado repertorio a merced de su disfrute. Un ejercicio al servicio de la construcción de nuevos siginificados. Y, como resultado, la riqueza de una recompensa que se presenta al viajero llena de matices y anécdotas. Degustarlo como es debido requiere la puesta en escena de los cinco sentidos, solo así alcanzaremos ese valor añadido. 

Conviene señalar que la poética del viaje no acecha a todos por igual y se expande en el camino a modo de fórmula sustancial. Momento en el cual la cuestión del viaje adquiere un carácter especial y diferente. Los tempos, hemos dicho, escapan a cualquier calendario por lo que su perdurabilidad dependerá en gran medida de nuestro apetito viajero. A pesar de las mutaciones que han acompañado al viaje a lo largo de los tiempos, la inquietud del mismo ha estado constantemente presente. Una condición que aúna hasta la más grande de las diferencias y que habla un lenguaje universal. Algunos dirán que no se puede explicar con palabras, otros simplemente asentirán al verse reconocidos por esta sensación absolutamente embriagadora. Si eres uno de ellos, sabrás del privilegio de formar parte de esa curiositas definida por Odiseo.

En esta danza por vivir la novedad, conocer lo desconocido e impresionarse por todo lo que rodea, corresponde a sus afortunados guardarla a buen recaudo. Solo así lograremos asegurarnos la continuidad de esa impresión o sentimiento que nos empuja a movernos. ¡Buen Viaje!.

Foto: Danuta-Assia Othman
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5 feb. 2012

Hechizo a la orilla del Golfo

Paraísos hay muchos, e islas tantas como uno quiera imaginar. Bellos enclaves naturales donde el protocolo, no sólo permite sino que obliga, a repanchigarse en una hamaca a la orilla de alguna virgen y solitaria playa mientras se disfruta de unas vistas mecidas al son del mar. Lugares donde huir de los rigores del invierno del viejo continente, cuyo objetivo es preparar nuestro espíritu y romper la conexión con el mundo exterior.

En este particular canto al hedonismo aparece la isla de Koh Tao, situada en la costa este del Golfo de Tailandia, en la provincia de Surat Thani. Su esencia de paraíso tropical cumple uno a uno todos los tópicos en sus escasos 21 km², un genuino carácter que ha conseguido dar con la fórmula perfecta del exotismo más calmado del sur del país. Un emplazamiento de dimensiones reducidas bendecido por las aguas del Golfo y la riqueza de unas tierras que exhiben una tupida vegetación en un auténtico muestrario de la naturaleza. Pero, lo mejor de Koh Tao, lo que realmente la convierte en un objeto de deseo, es que no haya apenas nada que hacer, a dejarse llevar por el capricho de sus bellos paisajes dispuestos a calmar al más inquieto de los viajeros. 

 Foto: Danuta-Assia Othman

 Foto: Danuta-Assia Othman

Lo difícil es decidir que es más bello, las apacibles calas de arena blanca con sus formaciones rocosas de piedra calcárea o su interior, tapizado por interminables palmeras que añaden frondosidad a un de por sí paraje selvático. A medida que se superan las capas exteriores de esta jugosa isla, la experiencia gana en sabor. Meca del submarinismo, esquivar las decenas de centros de buceo asegura una lanzadera al exotismo de una manera amable.

Entre caminos empinadísimos que llevan a los hoteles que disfrutan de unas panorámicas vistas, la isla despliega un escenario dispuesto a dejar con la boca abierta. No es fácil llegar hasta aquí andando, pero sí, aún así, uno se empeña en intentarlo, hay que aprovisionarse de ingentes cantidades de agua y prever algunas vueltas de más como peaje. Moverse por las entrañas de Koh Tao complementan una experiencia en un enclave que supera lo idílico amén de una naturaleza que se presenta aquí generosa y bella la mires por donde la mires. Las cabañas como única edificación añaden la nota sostenible de un turismo que todavía mantiene su cara más amistosa. 

 Foto: Danuta-Assia Othman

Dejarse tentar por este irresistible plan garantiza unos días de reposo sosegado en sentido literal, donde holgazanear se convierte casi en ‘actividad’ obligada. Un destino que nada tiene que envidiar a sus concurridas vecinas Koh Pha Ngan y Koh Samui. Un maridaje perfecto que ofrece al viajero algo más que sol y playa, y que guarda en la recámara un embriagador elixir paradisíaco difícilmente de olvidar. Con todo y con eso, Koh Tao es una delicia. 

 Foto: Danuta-Assia Othman
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1 feb. 2012

Galería Camboya

Camboya seduce a la cámara de Viajes en Caleidoscopio y descubre un país lleno de encantos, amén de ser uno de los pueblos más amables del sureste asiático. 

Fotos: Danuta-Assia Othman 

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