22 jun. 2012

El Tío Ho, un viaje a la memoria

Llegué a Hanoi seducida por el encanto francés y una historia que se remonta al ascenso de un antiguo dragón. Un binomio magnífico donde rastrear las huellas de los objetos que conforman la memoria histórica vietnamita.

Fueron casi treinta horas de trayecto en autobús desde la vecina Vientiane. Un tiempo donde las horas se tornan elásticas, prestas a la imaginación acelerada del viajero, que fantasea impulsivamente con los escenarios desconocidos de un destino ignoto. Un espacio que acaba por confundirse borrando las referencias que utilizan los sentidos para orientarse. El devenir cotidiano de los pueblos se sucede tras la ventanilla desde la cual trato de captar mentalmente estas instantáneas que pronto formarán parte del recuerdo, ese patrimonio inmaterial que siempre enriquece e inmortaliza al viaje.

En un intento por comprender algunos rasgos de la identidad cultural vietnamita, decido sumergirme en la transmisión de la memoria de este pueblo a través de esos ‘templos del recuerdo’, que las comunidades crean para organizarse y articular así diferentes visiones del mundo. En los avatares de la historia que ofrecen las exiguas calles de esta metrópolis de edificios bajos, resulta inevitable no toparnos con uno de los grandes revolucionarios del siglo XX: el líder de la Revolución Vietnamita, Nguyen Van Coon, más conocido como Ho Chi Minh.

Foto: Google
Un personaje que ha influido de forma determinante en el imaginario colectivo de los vietnamitas. Y es que fue él quien libró la batalla más larga contra las potencias europeas. Hazañas y acontecimientos aparte, sorprenderá al viajero la importancia manifiesta a día de hoy del ‘Tío Ho’. Pues son muchos los vietnamitas que acuden en peregrinación a ver el cuerpo embalsamado del fundador del Partido Comunista de la otrora Indochina. Un ‘city tour’ al que aquella mañana decidí formar parte en este viaje particular a la memoria.

Justo al norte se yergue el inmenso Mausoleo Ho Chi Minh, en la plaza Ba Dinh, esa misma que en 1945 fue el decorado donde se proclamó la independencia de Vietnam. Un desolado páramo de masa compacta que se extiende ocupando una gran superficie, y custodiado por el monumental e imponente sepulcro de mármol, extraído de uno de los refugios del Viet Cong. La inspiración soviética de esta singular obra arquitectónica resultará obvia a la mirada del viajero, alejada así de la pretendida flor de loto que idearon sus arquitectos.

Foto: Danuta-Assia Othman
La solemnidad de esta ceremoniosa y protocolaria visita envuelve una atmósfera vigilada y custodiada por unos militares armados, encargados de controlar cualquier actitud que no proceda. Y es que tras pasar una rigurosa y estricta inspección en una cola que nos mantendrá ocupados durante un buen rato (no se pueden entrar cámaras de foto ni vídeo, tampoco bolsos o vestir de forma indecorosa, pantalones cortos incluidos), la brevedad acompañará a la visita en la gélida sala donde permanecen los restos momificados del líder vietnamita.

Fueron varias las ocasiones que me llamaron la atención, donde se me exigía la sumisión de un comportamiento de plena obediencia mientras rodeaba el petrificado cuerpo del ‘Tío Ho’ enfundado en su traje color caqui, en los escasos pasos que dibujan el recorrido. Con el rictus encallado y los brazos extendidos, este objeto de la memoria histórica se ha convertido para muchos en una inusitada atracción turística. ¿Memoria pública ó recuerdo privado? Juzguen ustedes mismos.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

HO CHI MINH a l'este CHE GUEVARA a el ouest :::viento de revolution...ET...

Danuta-Assia Othman dijo...

;)

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